El pequeño comercio, el que paga impuestos aquí, no vive una situación de bonanza
En estos días se han publicado cifras que apuntan a un crecimiento notable en las ventas del comercio minorista. Según estos datos, Baleares lidera ese crecimiento. Y es cierto, pero solo en apariencia.
Porque cuando miramos más de cerca, descubrimos que las estadísticas no distinguen entre un supermercado en un aeropuerto, una gasolinera, una gran plataforma online o la pequeña zapatería de barrio que lleva treinta años abierta. Y ahí está el problema. Se llama comercio minorista a cosas muy distintas y, al hacerlo, perdemos de vista la realidad que vive el comercio de proximidad, el de nuestras calles, el que sostiene el tejido social de pueblos y ciudades.
El pequeño comercio, el que da empleo estable, el que paga impuestos aquí, el que cumple con todas las normativas, no vive una situación de bonanza. Aunque se venda más en términos globales, eso no significa que se gane más. De hecho, entre la subida constante de costes (energía, personal, fiscalidad...), los márgenes se hacen cada vez más pequeños. Y esa es la verdadera señal de alarma: no cuántos tickets se emiten, sino cuántas persianas se bajan si saber si volverán a subir.
Mientras tanto, los gigantes del comercio online crecen sin freno. Lo hacen desde fuera, sin tributar aquí, sin someterse a nuestras normas, sin generar empleo local ni cuidar del entorno. Sin embargo, sus cifras sí cuentan en ese "crecimiento del comercio minorista" que algunos celebran sin mirar más allá de la hoja de Excel.
Si a eso sumamos las ventas en aeropuertos o zonas portuarias, que operan con una libertad normativa que el comercio tradicional ni sueña, queda claro que el escenario real es mucha más desigual y frágil de los que parecen mostrar las estadísticas.
No pedimos privilegios. Pedimos realismo. Pedimos que se entienda que ele comercio no es una única cosa. Que hablar de "el comercio" sin matices borra al que más aporta y menos ruido hace: el comercio local.
Si de verdad queremos un modelo económico sostenible, cohesionado y con futuro, no podemos seguir aplicando recetas generales a problemas específicos. El comercio de proximidad necesita políticas pensadas para él. Medidas que lo escuchen, que lo entiendan y que lo protejan.
Porque detrás de cada tienda de barrio hay personas, familias, vida...Y eso no se mide en cifras. Se mide en calles vivas o vacías.
Artículo de opinión de Joana Manresa, presidenta de AFEDECO, en el periódico Última Hora
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